Libera tu esperanza con un grito en la voz, Hna. Alessandra Marabotto, OP: Nosotros esperàbamos… y ya van dos dìas (M. Sosa).Los discìpulos de Emaus, enredados en la desesperanza, regresan al pueblito originario, al perímetro conocido. El futuro se ha vuelto techo bajo sobre ellos y caminando con la cabeza gacha no reconoces al Otro, extranjero en el camino. Un cuadro sombreado por tristes acontecimientos que han roto la utopia y velado la mirada y el corazón de los peregrinos; un cuadro de desesperanza que hace volver para atràs y encerrarse narcisísticamente en sí mismos.
No muy lejos y un dìa antes, en el suspendido tiempo en que el último resplandor de la luna llena se deja relevar por los rayos del sol, un grupito de mujeres habitadas por los mismos tristes acontecimientos, avanzan con ritmo erguido, con manos llenas, con un propósito impaciente: reencontrar al Amigo, envolverlo en los perfumes y en el bálsamo encendiendo así la esperanza de detener el proceso devastador de la muerte y hacer que el Maestro se grabe adentro a través de la última mirada.
Los discípulos de Emaús se han dejado envolver por el sudario de la muerte, las mujeres y la marcha de los unguentos, son un fuerte símbolo que sigue apostando a la vida.
Nos podemos aproximar a la comprensión de la esperanza, imaginándola como un diseño que se principia hoy, queda abierto al mañana y cuyo cierre y sentido acabado acontecerà, incierto sin embargo en cuanto a la exactitud de la hora.
Lo que se va dibujando – en líneas, en formas, en colores, en textura, en sombras y en relieve – nos identifica hondamente con el arquetipo interior de la creadora, de la embarazada, de la artesana; lo que sigue faltando - en volumen, en detalles, en retoques, en perfecciòn - resguarda inquietas nuestras energias y nos mantiene saludablemente tensas hacia el blanco para no errarlo.
Otras muchas dimensiones hacen a la complejidad de la esperanza, pero me parece indudable que en el sucederse de los puntuales presentes que enlazan la trama de nuestra vida, la esperanza conjuga la desnudez de un alma niña - dispuesta a saltar, a correr, a curiosear, a jugarse en escenarios nuevos, a ser titiritera de los materiales elementales de la vida - con la conciencia de una sabia anciana, conocedora de los límites de la realidad y capaz de entrega a la lenta sedimentación de lo novedoso, abierta a la epifanía del misterio.
La esperanza que hace nacer delicados frutos en lo cotidiano de la historia y en los espacios donde se desarrolla el drama de la vida, ahonda sus raíces en bodegas misteriosas donde el mosto nuevo se estaciona en largos procesos secretos; la esperanza se hace en cada una de nosotras en la medida que sabemos bajar a los infiernos y resucitar lo que allí está adormilado; como Proserpina la diosa de las cosechas nuevas, como Cristo en el solemne silencio del gran sábado. Pero la Esperanza es tambièn anchura: paciencia impaciente que extiende cada día las estacas de nuestras carpas; mirada sostenida hasta ver la transfiguración; disponibilidad a estar presente, a dar la propia adhesión, a ir juntos/as.
La esperanza que - a diferencia del rico pensonaje evangélico envuelto en sus muchos bienes – nace con hambre y sed de “lo ya y todavía no”; de lo que se vislumbra y està escondido a la vez, cuenta con una madre a lo largo del camino.
Ella la ha alumbrado, ella la ayudarà a encontrar el bien de su nostalgia: su nombre es Confianza básica.
El grito primordial con que cada uno/a saluda el mundo - alegría de los padres y desconcierto del recién llegado – es acompañado por gestos de arropamiento afectivo que incluyen el calor, la comida, la bonanza, la penumbra. La sensación de desfondamiento – al nacer - encuentra un poderoso borde en la piel del otro y la solicitud con que una madre empieza a cifrar el llanto de su bebé transforma la desolación en apoyo y ayuda. Si desde un punto de vista físico todo ello asegura la vida, las huellas de “presencia y bienestar” que se graban en el psiquismo hacen nacer la Confianza.
No se habita ya dentro de una madre, sino una madre nos cuida desde adentro.
A esa madre, en diferentes momentos de la vida, la re-nombramos como hermana, como amiga, como esposa, como compañera. Desde la Fe, madura o ingenua que sea, la renombramos como Dios y por la confianza radical que nos inspira a ella acudimos especialmente en los momentos de crisis y en los prolegómenos del fin, cuando retorna tan fuerte la percepción de nuestra impostergable vulnerabilidad.
Confianza, certeza afectiva de las manos – todas las manos – que nos han “fundado sobre la roca de la vida, que nos han elevado a la postura erguida, que nos ayudan a vivir la verdad de la realidad. Si haber tenido acceso a la vida es un recuerdo de Bondad, si la Bondad se ha encarnado infinidad de veces para que cada una sea quien es, si la confianza nos cubre las espaldas y hace que leamos nuestra biografia vital como “lo esperado ya amanecido”, emana por afectuosa lógica, que el Deseo nos siga empujando a “devenir haciendo”, testimoniando que la vida puede ser màs plena y que sólo buceándola, abrazando sus exigencias y bebiendo su bellezza “volveremos definitivamente a casa”
Y asì como no superamos el desfondamiento, sin un otro que nos ayuda a construir la confianza, del mismo modo la esperanza nace como grito de cada interioridad pero crece luego como sinfonía coral, como lenguaje compartido para que juntos/as subamos al trampolín de la trascendencia y nos mancomunemos en el proyecto de multiplicar cifras de lo eterno en la ciudad, asomo de lo divino en los diàlogos, nostalgia de espíritu en la densa e invasiva materia.
Poder tocar unicamente los flecos del majestuoso manto de la Esperanza, nos puede dejar a veces, dudosas y perplejas.
Sabemos que incontable es la multitud de sus amigos a lo largo de los tiempos, de los pueblos y de las generaciones, pero el ojo que mira solo recorta panes pequeños, fragiles semillas de mostaza, peces insuficientes para multitudes, piletas que curan un enfermo a la vez, un solo frasco de perfume derramado….las insignias del poder, de la fama, del dinero parecen mucho más poderosas y omnipresentes.
Como discípulas de la esperanza, apostamos a seguir mirando donde el ojo funcionario al sistema no penetra y en las diferentes geografías que habitamos – con pudor y temblor – seguiremos rescatando lo esencial sumergido .Apenas huellas, sólo indicios de que por allí la esperanza ha pasado: la esperanza no se detiene, no se compra, no se enseña, no se impone; ella irradia y se la recoge como maná.
Personalmente he recogido esperanza de muchas mujeres cuya frontera es el dolor psíquico, cuya noche es la amenaza del sinsentido, cuyos desafios son los fantasmas internos. Como todas, guardo en mi biblioteca interior gran cantidad de pergaminos de desventura, relatos plagados de tachaduras, de manchas, de agujero; todas sabemos de vidas rotas o al borde de caerse del borde de la vida. Sin embargo, ustedes y yo, en las diferentes fronteras que surcan el mundo de hoy, hemos visto correr sangre reciente en el tronco retorcido y seco de tantas vidas, hemos asistido al milagro de ese grandioso,”Devenir - reparar, dejar atras, ponerse de pie, trascender - Haciendo! Hemos visto a multitudes dejar la orilla de la esclavitud interior y de los faraones historicos y nadando sobre el manto de la esperanza, anclar a la orilla de la libertad y de la gracia.
Por gracia, hemos conocido los siete y los setenta veces siete nombres que declinan la esperanza y sabemos que hasta del naufragio y del arrasamiento ella sabe aflorar: es el hijo que camina porque la madre ha desobedecido al veredicto inapelable de un medico; son los estudios concluidos de un joven pagados por el sueldo de una madre empleada domestica, es el adolescente afecto por una de las multiples adicciones que regresa al hogar por las lagrimas de Monica y es el detenido que recobra la libertad interior porque una madre le regalò parte de la propia . Esperanza es cada uno de los cìrculos de mujeres que, como circulos de agua tocados por la piedra de la sinergia, se ensanchan acogiendo, curando, resucitando, creando..
Desgranar la esperanza en este o en aquel gesto puede banalizarla, porque la esperanza màs allà de los dones que deja a su paso, es perspectiva infinita que nos cautiva como aguila mora cuando se mece en el cielo; es como aliento de un hogar rojo de brasas en invierno, es alta catedral gotica.
Tambièn veo la esperanza como protofantasìa de la cual el alma usufructùa cuando busca en la linea de lo que encuentra, cuando construye en terreno propicio, cuando resiste frente a lo arduo, cuando se rinde por un imposible: Es protofantasia que nos aleja de los escenarios y de los circos donde se consume lo efimero, donde brilla lo superficial, donde el espectàculo es para olvido: ella busca el drama de la vida, busca los heroes y los santos que soportan las contradicciones, que saben y son ignorantes;, que aman a pesar de los desaciertos , que beven la luz sin escandalizarse de la sombra.Porque - me parece - esperanza es procesion de la vida: paso tras paso, de transparencia en transparencia, cultivando la certeza que la mas bella aurora aùn duerme en el regazo de la medianoche y el fruto mas sabroso està hacièndose en la savia del arbol.
Los ceremoniales, las celebraciones,las plegarias, los mitos, y los otros lenguajes, intencionados a anticipar el cumplimiento de la procesiòn son indispensables y consoladores, mientras se avanza. La esperanza sin embargo nos precede con una medida dilatada, repleta, desbordante màs alla de nuestro universo mental y de lo que està al alcance de las facultades humanas. Parida por el Espiritu en su danza espiralada, nos eleva hacia la Tierra sin Males. |