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Canonización beato Francisco Coll y Guitart
Miércoles 15 de Julio de 2009 09:51
Roma, Italia: Nuestro hermano, el Beato Francisco Coll y Guitart, fundador de la Congregación Dominicas de la Anunciata, ya beatificado por SS. Juan Pablo II el día 29 de abril de 1979, será canonizado por SS. Benedicto XVI el próximo día 11 de octubre de 2009.
 
 
 
 
 
 
 El P. Francisco Coll, nació en España en 1812. Inició su formación a los 10 años de edad en el Seminario diocesano de Vic (Barcelona). La precaria situación económica familiar y las limitaciones que ésta le imponían fueron templando su espíritu y su cuerpo y dotándole  de un extraordinario sentido ascético que le acompañó toda la vida. Cuando concluyó los estudios de filosofía en el Seminario, en el otoño de 1830, optó por pedir el hábito Dominicano en el convento de la ciudad de Gerona; un convento que se había fundado sólo a 35 años de la muerte de Santo Domingo, que poseía un buen equipo de maestros en sagrada Teología y que se mantenía en línea de la más plena tradición dominicana. Del P. Coll dicen sus coetáneos refiriéndose a los años que permaneció en el convento, que se mostró siempre como un auténtico varón de Dios y de una ejemplaridad notable. Allí comenzó Fray Francisco Coll sus estudios de teología en contacto con la Suma de Santo Tomás. El hábito del estudio así como su preparación en la lengua latina y en materias filosóficas, le ayudaron a asimilar un pensamiento teológico sublime  le prepararon para su posterior dedicación  a la predicación.

UNA EXCLAUSTRACIÓN IMPUESTA. DOMINICO HASTA LA MUERTE
Muy poco después de su ordenación como diácono, cuando sólo le faltaba un año para su ordenación sacerdotal, tuvo que pasar, como otros miles de religiosos españoles, por una forzada  exclaustración impuesta  por  la revolución político-liberal que invadió los conventos y casas de los frailes. El año 1835 se recordará siempre en España como el año de la supresión de las Órdenes Religiosas.
Así, de modo violento, Fray Francisco Coll se vio obligado a abandonar el claustro y recorrer el "desierto" de la exclaustración convirtiéndose en un "dominico exclaustrado". Pese a que las represoras leyes civiles dificultaban la ordenación presbiteral, él, con la autorización de su Superior provincial, se ordenó de sacerdote con todo tipo de cautelas de manos de un Obispo ex superior general de los Mercedarios.
Fue dominico hasta la muerte y correspondió a tal identidad de manera heroica. Sólo el Papa podía dispensar una profesión solemne. El P. Coll hizo "profesión solemne" en 1831, y ni el Papa se adelantó a dispensársela o a ofrecerle dispensa, ni él la pidió jamás. Fue dominico aunque las leyes avasalladoras de la libertad religiosa no le permitieron vivir materialmente en un convento ni llevar el hábito religioso dominicano, pero en todo su ser y en todo su actuar hizo viva la gracia del carisma de Santo Domingo de Guzmán.

APÓSTOL DEL EVANGELIO
Recién ordenado de sacerdote se puso a disposición de su Obispo  y durante un tiempo ejerció su ministerio sacerdotal en parroquias de la diócesis pero movido por la fuerza irresistible de una vocación extraordinaria optó, como proyecto de vida, por emprender una tarea misionera de apóstol dominico y comenzó a predicar como un nuevo apóstol, "el apóstol de los tiempos modernos" - escribían- como un nuevo Domingo de Guzmán o un nuevo Vicente Ferrer. Fue misionero itinerante, como lo había sido su Padre Domingo. No recibía estipendio alguno, no admitía limosna en dinero por su predicación. Predicaba siempre como enviado del obispo, formaba parte de una comunidad apostólica que le exigía entrega generosa al estudio y proclamación de la  Palabra. Antes de dirigir la predicación al pueblo fiel predicaba ejercicios espirituales a los sacerdotes de la región. Predicaba también a las religiosas de clausura, a los encarcelados, visitaba a los enfermos, dirigía catequesis a los niños… y nunca omitía una o varias charlas sobre la Virgen María  cuya  devoción promovía eficazmente.
Multitud de testimonios de insignes eclesiásticos coetáneos hablan de su ardor apostólico y de su modo de predicar. El Obispo Guardiola decía: "El que hace prodigios es el buen Padre Coll, y no sé como componer y dar gusto a los que me lo piden. Hasta de diez horas acude la gente a oírle y hacen su confesión general. Dios nos dé muchos hombres apostólicos como el P. Coll y Dios nos volverá a la paz que, que tanto necesitamos" y San Antonio Mª Claret con quien predicó en muchas ocasiones dijo de él: "Donde yo predico, el P. Coll puede espigar; pero donde él ha predicado, a mí nada me queda que recoger".
El Postulador, P. Vito T. Gómez OP, en una Entrevista realizada decía: " A la Familia de Santo Domingo este hermano, grande por su humildad y rico por la pobreza, transmite un mensaje muy apropiado para asumir al comienzo del tercer milenio de la historia cristiana. Su vida demuestra que el ideal dominicano es posible vivirlo en plenitud aun cuando las circunstancias sociales sean adversas. Demostró que se puede prestar un servicio generoso al Evangelio también en casos extremos, de persecución, amenazas, impedimentos y obstáculos al don precioso de la libertad, aun en medio de estorbos y prohibiciones para que Dios sea servido y anunciado. Todo esto lo experimentó el futuro Santo en propia carne y, a pesar de ello, también los cercanos testimoniaron de él que logró ser un perfecto imitador de santo Domingo".

FUNDADOR DE LA CONGREGACIÓN DOMINICAS DE LA ANUNCIATA
En 1856 fundó la Congregación, resultado de muchos años de oración, reflexión y consultas; bien podría ser que ya en sus años de seminarista acariciara ese sueño. Un sueño que se fue consolidando a medida que iba conociendo más y más los problemas de la sociedad que él trataba de cerca en sus desplazamientos misioneros.
Le preocupaba, y mucho, el estado del País en materia de enseñanza y sobre todo el problema de la enseñanza en las "niñas" que se hallaban en situación de clara inferioridad frente a los varones: "En los hombres -decía el informe de un especialista-la instrucción ha de ser pública y sin limitaciones, la de la mujer conviene que sea privada y doméstica, reducida a lograr capacidad para la realización de sus labores…" Esta y otras carencias sociales y religiosas que fue descubriendo,  unidas al hecho de que hubiera sido nombrado director general de la Orden Tercera de Santo domingo para la región catalana, determinaron  su decidida opción  por fundar una congregación dominicana femenina.
Muchas y serias fueron las dificultades que tuvo que superar y que provenían en su mayor parte del propio Prelado que  invitó al Padre Coll, en más de una ocasión, a que las dispersase. El P. Claret escribía por entonces a una religiosa "La Iglesia pone todas las dificultades posibles para impedir tantas religiones distintas. Quiere, si, que haya religiosos y religiosas, pero no quiere nuevas Órdenes… No diré yo que ahora esté absolutamente prohibido, pero pone tantas dificultades que hace huir las ganas de fundar…"
La enorme confianza en Dios, la audacia que le caracterizaba y el enorme celo apostólico, le motivaron a reunir  un grupo de jóvenes que estaban dispuestas a seguir la llamada de Jesús… Cuando en 1875 volvió al Padre ya contaba la Congregación con 300 religiosas y con 50 comunidades establecidas y dedicadas fundamentalmente a la educación cristiana de las niñas.
A sus hijas las enseñó a ser pobres  y sencillas; les inculcó que fueran adoradoras del Padre y servidoras de los hombres, profundamente contemplativas y generosamente evangelizadoras. Les legó su amor a Cristo, devoción mariana y práctica de las virtudes, especialmente la caridad; empeño por el estudio y cultivo del silencio; entrega a la educación de los más desfavorecidos y predicación de la "sana doctrina" a todos pero con especialidad a la infancia y juventud. Quiso que las Hermanas fueran iluminadoras de la sociedad, proponiendo el dogma y la moral cristiana y que como "brillantes estrellas", indicaran a todos el camino que conduce a Dios, realizando esto con  espíritu eclesial,  compartiendo su misión con los seglares.

LA CONGREGACIÓN DE LA ANUNCIATA EN LA ACTUALIDAD
Está organizada la Congregación en seis Provincias religiosas y un Vicariato. En total cuenta con mil treinta y nueve religiosas profesas. Están presentes en Europa, América, Asía y África:
"    Europa: España, Italia, Francia y Suiza.
"    Sud América: Argentina, Brasil, Chile, Perú, Paraguay, Uruguay,
"     América Central: Costa Rica, El Salvador,  Guatemala, Nicaragua, México.
"    Asia: Filipinas.
"    África: Benin, Camerum, Costa de Marfil, Rwanda.

La Misión educativa, su principal actividad apostólica, la considera como medio privilegiado de evangelización
En diversas Actividades Parroquiales busca nuevas formas de inserción y colaboración con la Iglesia local, asumiendo ministerios en consonancia con su carisma específico: el anuncio del Evangelio.
La Actividad misionera en países del tercer mundo o en vías de desarrollo la ejercitan las Hermanas anunciando y compartiendo la fe. Trabajan por la justicia, la solidaridad, la paz y los derechos humanos, siendo presencia evangelizadora y trabajando por establecer comunidades cristianas al tiempo que ofreciendo el don del carisma dominicano a otros pueblos y culturas.
A través de la Actividad sanitaria y otras obras de misericordia pretenden las Dominicas de la Anunciata sembrar alegría, fe, esperanza y consuelo en el mundo del dolor. Viven la gratuidad del servicio a los más desheredados: ancianos, enfermos, menores abandonados, deficientes, minorías étnicas…
Se esfuerzan por descubrir, fieles a la dimensión contemplativa de su vida, las semillas del Verbo presentes en las diferentes culturas en las que están insertas y los signos de los tiempos en  las necesidades reales y más profundas de los hombres de hoy, a fin de ofrecerles la Palabra encarnada.
Conscientes de los retos que hoy presentan los jóvenes caminan junto a ellos desde Residencias Universitarias, o comunidades dominicanas que, insertas en diversos medios:
-    viven y transparentan el gozo de seguir a Cristo,
-    tienen como centro la Palabra de Dios,
-    constituyen para los jóvenes espacios de acogida, oración y evangelización,
-    ofrecen el legado espiritual de su carisma dominicano con la convicción de que sigue teniendo sentido el afán del Beato Francisco Coll: ¡Vivir y anunciar la fe!

 

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